19 julio 2010

juegos de mayores

Cada vez que pienso en sus manos posadas delicadamente sobre mi cintura, mi brazo alrededor de su cuello, siento un escalofrío que recorre mi columna vertebra por vertebra. El frío de la noche no importa, no impide que ocurra lo inevitable, los besos de esa noche, sus besos, los dos fundiéndonos en esos beso , el sonido del agua salpicando a lo lejos, a nuestras espaldas en el silencio de la noche. Mas allá los demás ignoraban lo que estaba ocurriendo en esos momentos.

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