Cada vez
que pienso en sus manos posadas
delicadamente sobre mi cintura, mi brazo alrededor de su cuello, siento un
escalofrío que recorre mi columna vertebra por vertebra. El frío de la noche no importa, no impide
que ocurra lo inevitable, los besos de esa noche, sus besos, los dos
fundiéndonos en esos beso , el sonido del agua salpicando a lo lejos, a nuestras espaldas en el silencio de la noche. Mas allá los demás ignoraban lo que estaba ocurriendo en esos momentos.
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